Félix de Vicente, empresario: «El sello es ser respetuoso en un nivel más profundo»

Por Paz Alejandra Escárate Cortés
26 de marzo de 2026

Tras ser reconocido con el Global Innovation Award 2026 por su empresa Kitchen Center, el empresario y exministro Félix de Vicente repasa su trayectoria y destaca el sello formativo de la Universidad de Chile: respeto, diversidad y trabajo en equipo. Desde su experiencia en el sector público y privado, proyecta el futuro con foco en la innovación y entrega un llamado a las nuevas generaciones a perseverar y especializarse.

El reconocimiento internacional llegó en 2026. Kitchen Center, la empresa que lidera, fue distinguida con uno de los premios más relevantes del retail a nivel mundial, otorgado por la International Housewares Association en Chicago. El galardón, entregado en marzo en Chicago, no sólo destacó su desarrollo en comercio electrónico, diseño de tiendas y construcción de marca, sino que también posicionó a la compañía como la mejor del continente en su categoría.

Para su creador, el logro fue tan inesperado como significativo. “Fue una emoción grande”, recuerda, aludiendo a la sorpresa de recibir el reconocimiento frente a empresas con décadas —e incluso siglos— de trayectoria. En ese escenario, aprovechó la instancia para poner en valor a Chile, sus paisajes y su industria, proyectando una mirada país que ha estado presente a lo largo de su carrera.

“Hubo grandes debates y discusiones (en la Universidad de Chile), lo cual era muy rico, porque al final íbamos aprendiendo de ambos lados, uno aprendía a escuchar al que pensaba distinto. Era un minuto bien interesante y creo que nos tolerábamos mucho más de lo que los jóvenes se toleran hoy”, asegura Félix de Vicente.

Sin embargo, mucho antes de ese hito internacional, su historia estuvo marcada por estudiar en la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile. Ingresó en 1983, luego de una breve experiencia en otra casa de estudios que no terminó de convencerlo. Buscaba un entorno distinto: más diverso, más representativo del país real. Y lo encontró. “Estoy súper orgulloso. Apenas me preguntan dónde estudié, recomiendo la Universidad de Chile”, afirma. Para él no solo fue un espacio académico, sino también un lugar de formación integral. En sus años como estudiante —donde incluso llegó a ser presidente del Centro de Alumnos en 1987— vivió intensos debates en un contexto social y político en transformación. Ese ambiente, recuerda, le permitió desarrollar una capacidad clave: escuchar al otro en su diferencia. “Hubo grandes debates y discusiones, lo cual era muy rico, porque al final íbamos aprendiendo de ambos lados, uno aprendía a escuchar al que pensaba distinto. Era un minuto bien interesante y creo que nos tolerábamos mucho más de lo que los jóvenes se toleran hoy”, asegura.

¿Recuerdas especialmente a algún compañero o a algún docente?

Sí, con Tomás Flores, éramos bien amigos. Él era de Rancagua y pasábamos mucho tiempo estudiando juntos. Y después, en la vida, me ha tocado toparme con distintos compañeros con quienes hay una relación muy profunda: Felipe Morgan, Jaime Uribe, el Chico Villa… Son tantos.

Convivir en la diversidad se transformó en una de las marcas más profundas que reconoce en su paso por la Universidad de Chile. “Creo que el sello principal es ser respetuoso con los demás en un nivel más profundo, aprender a escuchar a los otros y el pago del esfuerzo. Yo te diría que son esas tres cosas. Uno tiene que tratar de entender al otro y comprenderlo independiente de las diferencias políticas, económicas o sociales. Te diría que es el mayor valor, porque de esa escucha surge un diálogo y podemos trabajar juntos”. También comparte una de sus convicciones: “La verdad es que el esfuerzo, al final, termina dando más que las habilidades de las personas. En mi caso ha sido siempre esfuerzo y perseverancia. Eso es lo que mueve a los equipos y motiva a las personas, porque las cosas se hacen en equipo y no solo”.

Ser director de ProChile fue su primera experiencia en el servicio público, recuerda que “la mirada que traía del sector privado era muy muy distinta a la que se aplicaba en el sector público. De partida, cuidar los fondos. Nos ahorramos millones de dólares en pasajes, en fotocopias y así muchas cosas”. Este ahorro no perjudicó la producción, al contrario, “de 300 actividades que se hacían en el mundo, en las 50 oficinas de ProChile, terminamos haciendo 700 actividades y muchas en colaboración público-privada, lo que logró fomentar el crecimiento de nuestras exportaciones. Y eso fue una mirada privada que no había habido en ProChile. Logramos generar equipos que realmente movieran la aguja y generaran valor”.

Estando en el mundo privado y en el público, ¿cuál fue el encargo profesional que te exigió más esfuerzo?

Ser ministro de Economía ¡Sin duda! Los cargos públicos son muy difíciles, porque hay muchos espectadores y las cosas que uno hace mal producen daño, y las cosas que uno hace bien generan valor en mucha gente. Diariamente, estaba desde las 6 de la mañana hasta las 10 de la noche. Y el presidente Piñera era excepcionalmente exigente. Me acuerdo una vez que tenía invitados a comer a mi casa, eran las 11 de la noche, todavía estábamos en La Moneda y no aflojaba.

Cuando usted fue ministro impulsó la ley para crear empresas en un día, ¿cuál cree que fue su incidencia?

Formalizar una empresa era bastante caro para los pequeños emprendedores. Eso permitía hacerse visible al sistema tributario y al sistema de reglamento de las empresas en el país, pero había que tener abogados, ir a notarios y todo era caro. La ley motivó a muchos emprendimientos jóvenes para que empezaran de una manera más fácil. Después, con el tiempo, hubo abuso de esa ley», que se fue modificando para evitarlos. Pero fue un tremendo apoyo al crecimiento de jóvenes emprendedores, sobre todo de los que tenían que partir con pocos recursos.

Actualmente está a cargo de Kitchen Center, ¿de qué manera sigue construyendo y contribuyendo al país desde la empresa privada?

Se sufre mucho en las empresas, porque uno tiene que entregar productos y servicios que a la gente le sirvan y que sean mejores que la alternativa. Y, a la vez, cumplir con buenos sueldos, con buen ambiente de trabajo. Hoy estamos tanto en Chile como en Perú y en Paraguay y somos líderes en ciertos productos en estos tres mercados.

A su juicio, qué características tiene que tener un emprendedor, sobre todo en este contexto tan convulsionado.

Tiene que ser perseverante, tener paciencia y trabajar con gente que pueda transmitir la vocación y la pasión que él tiene por su proyecto. Todos los comienzos son difíciles, cuesta partir y, por lo tanto, hay que hacerlo de menos a más, porque así las cosas se construyen sobre bases más sólidas.

¿Qué recomendación le haría a la generación millennial?

Ellos tienen mucha más información que nosotros y, por lo mismo, la competencia es más difícil. Entonces les recomendaría ser perseverantes en algo y no andar dando vueltas. Los jóvenes se cambian mucho de trabajo, de una especialidad a otra y a otra. Y el valor se construye en la medida en que somos más especialistas. Si están trabajando en algo, traten de seguir ahí, aprender más y construir sobre eso. Y también les diría que trabajen en algo que les guste.

Mirando hacia el futuro, observa un escenario marcado por la transformación tecnológica, especialmente por el avance de la inteligencia artificial. En ese contexto, plantea que las nuevas generaciones tienen una ventaja significativa, pero también un desafío: aprovechar esas herramientas para potenciar su desarrollo. “El mundo está cambiando tanto, que con la inteligencia artificial uno puede construir su propio agente, pero en la velocidad en que se construye y en la data que se le asocia, los jóvenes nos llevan años luz. Ellos tienen que entrar en IA y apoyarse, porque al final la brecha entre los buenos, los excelentes y los mediocres se va a tender a igualar en la medida que apliquen la IA. Sin duda mucha gente está siendo apoyada por la IA y los que no lo hagan se van a quedar atrás. La información que entrega la IA hoy, en cualquiera de los tres líderes: Chat GPT, Gemini y Claude, creo que nos va a diferenciar entre los que podamos avanzar versus los que no lo hagan”.