Dr. José Luis Rojas, coordinador nacional de trasplantes: “Queríamos aportar al país desde la medicina”

Por Paz Alejandra Escárate Cortés
22 de enero de 2026

Médico cirujano de la U. de Chile y actual Coordinador Nacional de Trasplantes del Ministerio de Salud, repasa una trayectoria marcada por el compromiso con la salud pública y el fortalecimiento del sistema de donación y trasplante de órganos en el país, junto con el rol formativo que tuvo la universidad en esa vocación de servicio.

Titulado como Médico Cirujano por la Universidad de Chile, con especialización en Medicina Interna, el Dr. José Luis Rojas cuenta además con un Máster en Donación de Órganos y Trasplante de la Universidad de Barcelona. Su trayectoria incluye una vasta experiencia en el fomento, la procura y la coordinación de trasplantes a nivel nacional. Fue parte de la Corporación del Trasplante, donde se desempeñó primero como Coordinador Médico y, posteriormente, como Director Médico Nacional. Desde 2024 ejerce como Coordinador Nacional de Trasplantes del Ministerio de Salud y, en 2025, asumió la Subdirección Clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

Recientemente, participó como speaker en Congreso Futuro, instancia en la que reflexionó sobre los desafíos, avances y proyecciones de la donación y el trasplante de órganos en Chile y el mundo, posicionando el tema como una prioridad sanitaria y social.

Desde 2024 el Dr. José Luis Rojas ejerce como Coordinador Nacional de Trasplantes del Ministerio de Salud y, en 2025, asumió la Subdirección Clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.
Desde 2024 el Dr. José Luis Rojas ejerce como Coordinador Nacional de Trasplantes del Ministerio de Salud y, en 2025, asumió la Subdirección Clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

El Dr. Rojas ingresó a la Universidad de Chile en 1991, en un contexto marcado por el retorno a la democracia. Recuerda esos años como una etapa profundamente formativa, no solo desde lo académico, sino también desde lo humano y lo social. “El pluralismo en todos los sentidos y un compromiso social muy fuerte marcaron mi experiencia universitaria”, señala. En ese entonces, la universidad era un espacio vivo de discusión, donde se abordaban sin eludir temas científicos, valóricos y sociales. “Todos los que estudiábamos en esa época teníamos una motivación social muy clara; queríamos aportar al país desde la medicina”.

  • ¿Cómo fue su encuentro con la salud pública?
    Fue muy significativo. En primer año tuve el curso Introducción a la Medicina, donde nos enseñaban cosas básicas como signos vitales o administración de inyecciones, y nos dividían por sedes. A mí me tocó la sede sur, en el Hospital Barros Luco, y me enamoré del hospital. Era un hospital que atendía a una población con muchas necesidades, pero que las equilibraba con esfuerzo y ganas de hacer las cosas. Eso me resultó muy atractivo, por eso, desde primer año supe que cuando tuviera que elegir sede, iba a optar por el Hospital Barros Luco.

En el Hospital Barros Luco hice mi pregrado y también mi especialidad en Medicina Interna. Trabajé allí un par de años y luego continué mi carrera en otros centros. Estuve cerca de ocho años en el Hospital del Salvador, principalmente en unidades de cuidados intensivos, y luego en el Hospital José Joaquín Aguirre, donde trabajé en medicina interna, docencia y, en paralelo, en donación de órganos, que con el tiempo se transformó en mi principal motivación profesional.

  • ¿Tuvo alguna experiencia familiar que lo acercara a la donación de órganos?
    No, mi acercamiento fue netamente profesional. En el Hospital Barros Luco tuve contacto con médicos que trabajaban directamente en donación de órganos. La doctora Jacqueline Pefaur, por ejemplo, jefa del programa de trasplante renal, fue mi primera docente de semiología médica. Más adelante trabajé con el doctor Esteban Cortés en la UCI, y ahí conocí la otra parte del proceso: el manejo de los donantes. Me di cuenta de que era un trabajo extremadamente importante, pero muy invisible. Eso despertó mi interés y comencé a involucrarme cada vez más, primero como alumno, luego como interno y después como profesional.

Estructura e información

En el año 2000 el doctor Rojas viajó a Barcelona para aprender del modelo español de donación y trasplantes, que es el más exitoso a nivel mundial. “En España la donación de órganos es una prioridad sanitaria muy clara, con recursos y una estructura sólida que permiten que el sistema funcione de manera eficiente”, dice. Ese modelo le permitió entender que no basta con hablar de donación, sino que debe existir una política pública fuerte que garantice el acceso al trasplante y que genere confianza en la población.

  • ¿Cuál es la situación actual de los trasplantes en Chile?
    En Chile realizamos alrededor de 700 trasplantes al año y la lista de espera se mantiene en torno a las 2.400 personas. Es decir, logramos contener la lista, pero no disminuirla. El problema es que cuando la lista no avanza con mayor rapidez, los tiempos de espera se extienden más allá de lo que sería deseable, especialmente en órganos como corazón, pulmón o hígado, que no tienen alternativas de tratamiento. Hoy alcanzamos a cubrir las urgencias nacionales, pero los pacientes crónicos deben esperar más de lo que quisiéramos.

  • ¿Qué sucede en otros países latinoamericanos en este ámbito?
    En otros países se habla mucho de donación, pero ni siquiera está asegurado el acceso al trasplante. En Chile el acceso al trasplante está asegurado y la lista de espera es única, nacional y pública, entonces son condiciones que te hacen estar en un país donde las cosas funcionan. La gente, por desconocimiento, muchas veces se deja guiar por la desconfianza y eso hace que las familias de los fallecidos manifiesten la decisión de no donar.

Ahí está la piedra de tope, en la desconfianza. Tenemos que ir avanzando en un modelo cada vez más posicionado dentro del sistema de salud, con el trasplante como algo prioritario, y trabajar con la población transmitiendo la confianza de estar en un país donde las cosas funcionan. La tranquilidad de que el día de mañana, si donan sus órganos, van a ser bien utilizados para quienes más lo necesitan. También tiene que ver con que el tema pase a ser cotidiano, porque si las familias esperan el momento en que fallece un familiar para hablar de donación de órganos es un muy mal momento. La invitación siempre es a conversar antes, porque la familia, sabiendo su decisión, es mucho más fácil que la respete. Hoy la familia es parte del proceso activo y el 53% de ellas no ratifica la voluntad de ser donante.

El sistema de donación y trasplantes en Chile integra al sector público y privado, garantizando acceso para toda la población, independientemente de su origen.
  • ¿Cómo ha contribuido a fortalecer el sistema de donación en Chile?
    Me tocó participar directamente en la instalación de un modelo nacional de donación de órganos. Tras la ley de trasplantes de 2010, surgió la necesidad de crear una coordinación nacional dentro del Ministerio de Salud, y ese fue un desafío muy relevante: transformar una función que estaba externalizada en una ONG en una política pública.

Hoy existe una estructura sanitaria instalada, con unidades de coordinación de procura en casi todos los hospitales con capacidad, sistemas de medición de indicadores y programas de mejora continua. Esto ha permitido aumentar progresivamente el número de donantes en los últimos años.

  • ¿De qué manera su experiencia como egresado se conecta con el rol que ejerce en la Subdirección Clínica de la Facultad de Medicina?
    Creo que quienes somos de la Universidad de Chile sentimos un profundo cariño por ella y la entendemos como un bien para el país. Por eso uno siempre quiere aportar a que la universidad tenga un rol cada vez más relevante en la formación de los futuros profesionales.

  • ¿Cómo influyó su formación en la Universidad de Chile en su manera de ejercer la medicina?
    La universidad reforzó en mí la idea de que la medicina debe tener un sentido. En mi caso, ese propósito fue aportar a que más pacientes tuvieran la opción de trasplantarse y seguir viviendo. Y eso no tuvo que ver con haber tenido una experiencia cercana al tema; tuvo que ver con haber estado en un momento, en un lugar, rodeado de gente que este tema la movía.

  • Esa mirada de país de la universidad también indica que la colaboración es un elemento clave para que las cifras de trasplantes crezcan…
    Sí, acá somos todos responsables. Una de las cosas más lindas que tiene la donación de órganos es que es un sistema donde todos son necesarios. Trabajamos con la población nacional, los trasplantes se realizan en el sector público y en el privado, y los órganos se generan en ambos sectores. Este es un modelo que está armado para todos los chilenos, independientemente de dónde vengan.

  • Si no nos hacemos cargo de la donación de órganos, ¿cuál es la proyección?
    Todos tenemos que hacernos cargo, porque si no, las listas de espera van a ser un problema cada vez más grande. Las listas de espera de receptores de trasplantes no dependen de una gestión sanitaria, dependen de tener más donantes. El desafío tiene que ver con cómo fortalecemos la estructura, cómo ponemos en la primera línea la donación y el trasplante, y cómo invitamos a la gente a tener un rol más activo en conversar el tema y tomar una posición informada.
l Dr. Rojas participó recientemente en Congreso Futuro, donde abordó los desafíos y proyecciones de la donación de órganos en Chile y el mundo, posicionando el tema como una prioridad sanitaria y social.
  • Finalmente, ¿qué ventaja comparativa le dio la Universidad de Chile en su ejercicio profesional?
    Creo que la Universidad de Chile te abre la mente en muchas cosas: en la pluralidad, en la amplitud de campos clínicos, en la diversidad de experiencias y en el sentido social. Todo eso contribuyó a que uno pensara en la donación de órganos como algo a desarrollar en Chile.