Domingo Arancibia y Antonia Taulis: “Trabajar con otras disciplinas es fundamental”

Por Paz Alejandra Escárate Cortés
27 de mayo de 2026

Con una propuesta que une arte, arquitectura, territorio y reflexión sobre el agua, los alumni de la Universidad de Chile, el arquitecto Domingo Arancibia y la historiadora del arte Antonia Taulis, fueron seleccionados para desarrollar una intervención artística permanente en el Aeropuerto Internacional de Santiago. “Territorio de gotas”, obra ganadora del concurso convocado por la Comisión Nemesio Antúnez del Ministerio de Obras Públicas, busca transformar un espacio de tránsito en un lugar de encuentro, contemplación y conciencia territorial. Ambos destacan que el sello de la Casa de Bello —marcado por lo público, la mirada crítica y la interdisciplinariedad— fue fundamental en el desarrollo del proyecto.

“Territorio de gotas” será una serie de 16 semiesferas de cobre con pátina verde que se instalarán en el exterior del Terminal Internacional del Aeropuerto Arturo Merino Benítez, cerca de los accesos principales. La obra, seleccionada entre 31 propuestas por la Comisión Nemesio Antúnez del Ministerio de Obras Públicas, invita a reflexionar sobre el territorio chileno, el agua y la experiencia de habitar los espacios públicos.

Sus creadores son los alumni de la Universidad de Chile Domingo Arancibia, arquitecto fundador del Estudio de Arquitectura Normal, y Antonia Taulis, artista visual formada en teoría e historia del arte. Desde disciplinas distintas, tuvieron un punto de encuentro creativo que se traducirá en una intervención permanente en uno de los principales accesos al país que se inaugurará en 2027. “Tal como las gotas se detienen momentáneamente antes de continuar su recorrido, lxs pasajerxs encuentran en estas piezas un lugar de descanso antes de seguir su viaje”, señala la propuesta. Las estructuras funcionarán también como mobiliario informal y sus superficies dialogarán con la luz y la arquitectura del terminal aéreo.

“Estudié arquitectura porque de chico me gustaba dibujar. Mis dos papás son arquitectos y siempre estuve relacionado con la parte creativa”, cuenta Domingo Arancibia. La elección de la Universidad de Chile, agrega, estuvo ligada con la esfera pública. “La universidad tiene una historia con el país que me parece relevante, sobre todo desde la arquitectura. Siempre me interesó esta concepción de lo público y me hacía sentido desde la arquitectura como universidad pública”, señala.

Antonia Taulis comparte la motivación. “Confié en la Universidad de Chile por su peso histórico, pero sobre todo por su pluralidad, por el compromiso y la participación que tiene en relación a los problemas sociales y a los temas del país”, resume. Esa amplitud de intereses fue precisamente lo que la llevó a estudiar teoría e historia del arte. “Me interesaban la arquitectura, la sociología, las artes y la literatura. Era una carrera que conjugaba hartas disciplinas en torno a la cultura y las artes”, explica.

El encuentro entre ambos ocurrió hace menos de un año, gracias a amistades en común. “Me contó en tres minutos todos sus proyectos y le dije: ‘quiero trabajar contigo’”, relata Antonia entre bromas. Lo que los unió, coinciden, fue una sensibilidad compartida entre arte y arquitectura. “Fue un encuentro fortuito y virtuoso”, dice.
La propuesta para la Comisión Nemesio Antúnez, que propicia obras de arte en el espacio público, nació desde una inquietud de Arancibia, quien ya había participado hace cinco años en este mismo certamen. “Vi una posibilidad de enfrentarme de nuevo al desafío”, comenta. Esta vez, la dimensión pública del aeropuerto y la posibilidad de generar un espacio de encuentro fueron determinantes. A partir de esa idea inicial, ambos comenzaron a construir una obra donde el agua se transformó en eje conceptual. El tema en común era el territorio chileno, explica Taulis. Sobre las superficies de cobre se incorporarán infografías tipográficas con las principales cuencas hídricas del país, entendidas como unidades naturales que organizan la vida, los poblados y los ecosistemas. “Chile es uno de los 20 países más críticos dentro de la crisis hídrica global”, advierte la artista. Por eso, la obra también busca abrir imágenes que puedan derivar en preguntas sobre el uso y la gestión del agua, además de ofrecer una bienvenida simbólica al territorio chileno. “Nos permite hacer un recorrido por la geografía y sus pueblos”, añade.

“Territorio de gotas” será una serie de 16 semiesferas de cobre con pátina verde que se instalarán el próximo año en el exterior del Terminal Internacional del Aeropuerto Arturo Merino Benítez, cerca de los accesos principales.

Con mirada crítica
En esa mirada crítica y compleja sobre el territorio, ambos reconocen la huella formativa de la Universidad de Chile. “Creo que esta capacidad crítica con la que estamos abordando el tema del agua y todo lo complejo que es el agua, más allá de la parte material, tiene mucho que ver con el sello de la universidad”, reflexiona Domingo Arancibia. “Es una perspectiva de análisis, de hacerse cargo de las cosas públicas”. Antonia Taulis coincide: “Más allá de algún profesor o profesora , alguna escuela o algún curso que me haya marcado, yo creo que es la formación de base: pensar un proyecto como este, desde sus posibilidades de poner temas y abrir diálogos”.

La colaboración interdisciplinaria fue clave para el desarrollo de la propuesta. Mientras Arancibia aportó su experiencia en proyectos arquitectónicos y de espacio público, Taulis integró una dimensión artística y simbólica que amplificó el sentido de la obra. “La necesidad que uno tiene como profesional de trabajar con otras disciplinas es fundamental”, sostiene el arquitecto. “Es mejor sentirse lo más ignorante posible para recibir mayor cantidad de información”, agrega. “La arquitectura con el arte son disciplinas diferentes que muchas veces se requieren juntar porque suman complejidad de lecturas y de usos”. Para Antonia Taulis, este “es un proyecto que no sería posible sin la colaboración”, afirma. Y agrega que el proceso creativo también incluye los desafíos técnicos y administrativos.

Actualmente, el equipo trabaja en el desarrollo técnico de la intervención, cuya construcción está proyectada para marzo de 2027. Las piezas —de hasta cuatro metros y medio de extensión— estarán parcialmente cubiertas y parcialmente expuestas a la intemperie, generando espacios de permanencia para quienes transiten por el terminal internacional.

El jurado de la Comisión Nemesio Antúnez destacó la relación de la obra con la arquitectura del aeropuerto, su capacidad de activar el espacio público y el uso del cobre como un material profundamente ligado a la identidad chilena.

Aunque Domingo y Antonia reconocen que el desafío técnico es enorme, esperan seguir colaborando en el futuro. Por ahora, continúan concentrados en sacar adelante una obra que, además de dialogar con miles de pasajeros, también expresa una manera de entender la creación desde lo colectivo, lo público y el cruce entre disciplinas. “Es bonito estar dando una entrevista para la Universidad de Chile y, mientras hablamos, descubrir que hay cosas comunes y que nos vinculan a la universidad como institución”, concluye Arancibia.