Carlos Zurita, director del CICE: “En la Universidad de Chile vi la pasión de sus académicos por enseñar”

Por Leonardo Vásquez
20 de noviembre de 2025

De profesor de biología en colegios a investigador especializado en fauna silvestre, el titulado del magíster en Áreas Silvestres y Conservación de la Naturaleza de la U. de Chile ha dedicado su carrera a conectar ambos mundos. Como fundador del Centro de Investigación Científica Escolar, no solo acerca la ciencia a las salas de clases, sino que forma a las nuevas generaciones de investigadores chilenos.

Antes que investigador, el egresado de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza (FCFCN) de la Universidad de ChileCarlos Zurita, se reconoce, sobre todo, como profesor de biología.

En 2014 fundó el Centro de Investigación Científica Escolar (CICE). Fue tras un viaje a Tierra del Fuego, donde conoció al pingüino rey y detectó una falta de investigación científica. Así fue como tuvo la idea de crear la institución que, tras años de trabajo, ha impactado a decenas de estudiantes a través de 21 proyectos de investigación. «Lo que tenemos es un modelo de trabajo y pedagógico, de inserción de estudiantes en la academia«, explica Carlos.

Su método se centra en que las y los alumnos de enseñanza media no solo aprendan sobre ciencia, sino que la lleven a la práctica. «Desde la enseñanza media generan conocimiento científico y publican papers sobre problemáticas ambientales en Chile«. El resultado es tangible: jóvenes que, al ingresar a la universidad, «tienen un mejor pasar, porque ya han desarrollado las vetas investigativas«, afirma. “También busco que puedan optar a vías de admisión especial a estudios superiores”, añade.

Pero el CICE no se limita a los estudiantes. Carlos tiene claro que el motor del cambio está también en los educadores: «Si no hay profesores motivados, no hay niños motivados». Por eso, el centro tiene además un fuerte componente de divulgación, con charlas en colegios de todo el país, buscando encender la chispa de la curiosidad científica en cada vez más salas de clases.

En 2014 fundó el Centro de Investigación Científica Escolar (CICE). Fue tras un viaje a Tierra del Fuego, donde conoció al pingüino rey y detectó una falta de investigación científica. La organización, tras años de trabajo, ha impactado a decenas de estudiantes con 21 proyectos de investigación.

De profesor de colegio a investigador universitario

Su propia trayectoria profesional es un testimonio de transformación. Durante años, Carlos se dedicó exclusivamente a la docencia escolar, pero confiesa que siempre tuvo la intención de profundizar en la ecología. El año 2019 fue un punto de inflexión: dejó su trabajo estable en colegios y decidió ingresar al Magíster en Áreas Silvestres y Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile.

Fue este posgrado el que catalizó su transición de profesor a investigador. Esa inmersión en el rigor científico le dio las herramientas para dar el salto a la docencia universitaria y a la investigación. Hoy imparte clases enfocadas en zoologíaconservación y especies exóticas en diferentes casas de estudio de educación superior.

Desde su expertise en especies exóticas invasoras, Carlos identifica los grandes obstáculos para la conservación en Chile: la pérdida de hábitat, la sobreexplotación, la contaminación, las especies invasoras y, de fondo, la falta de financiamiento específico para la conservación. «Sin duda el cambio climático es otra tremenda amenaza. Lo que hacemos en ecología es ver de qué manera las poblaciones que estudiamos se adaptan o no a esas condiciones”, agrega.

Por eso, ve el rol de la academia como vital: «Levantar datos en torno a especies exóticas invasoras permite la toma de decisiones en base a datos científicos, y no en base a especulaciones». Él mismo ejemplifica este compromiso. Tras su doctorado, donde estudió al zorro chilla en Tierra del Fuego, su primer acto fue viajar a Punta Arenas por sus propios medios para transferir todos sus resultados al Ministerio de Medio Ambiente y a la Corporación Nacional Forestal (CONAF).

Su visión es clara: «La academia, si bien es experta en levantar datos y sacar papers, no debe olvidar que tiene una pata puesta en el servicio público«. Para Carlos, la ciencia nunca es un fin en sí mismo, sino la herramienta más poderosa para inspirar a las nuevas generaciones y proteger el planeta.

Durante años, Carlos se dedicó exclusivamente a la docencia escolar, pero confiesa que siempre tuvo la intención de profundizar en la ecología. El 2019 fue un punto de inflexión: dejó su trabajo estable en colegios y decidió ingresar al Magíster en Áreas Silvestres y Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile.

Enseñar con pasión

Para Carlos, el valor distintivo de la Universidad de Chile reside en una cualidad poderosa: la pasión de sus académicos por enseñar. «La calidad de los profesionales que tuve enfrente, a cargo de cada una de las asignaturas, no la he visto en otro lado», asegura. “No se trataba solo de transmitir conceptos, sino de compartir experiencias vividas”, agrega.

Recuerda con especial cariño a la profesora Victoria Castro. «Hacía unas clases en las que te quedabas pegado escuchándola, porque te transmitía toda su experiencia con estudios de grupos indígenas en México. Te transmitía todo a partir de lo que vivió», relata.

Ese mismo sello lo encontró en otros maestros que lo marcaron, como Cristián Estades, quien fue su director de tesis de magíster, cuyas clases de biología de la conservación lo motivaron profundamente. También Pedro Cattan, que lograba transmitir con claridad la conservación de poblaciones animales, a pesar de su complejidad. Otro académico que lo marcó fue Álvaro Promis, quien logró que un amante de la fauna como Carlos se apasionara también por el mundo vegetal. «Me bastaron dos clases para cambiar absolutamente de opinión. Terminaba sus clases con poemas, por ejemplo de Gabriela Mistral o que aludían a la problemática socioecológica«, recuerda.

En su tesis de magíster, dirigida por Estades, pudo reflejar su formación rigurosa y creativa. Investigó el rol de la urbanización en la densidad de ratones exóticos en la región de Coquimbo, utilizando un método ingenioso: el análisis de egagrópilas (restos regurgitados) de aves rapaces para identificar especies de roedores sin necesidad de capturarlos.

Hoy, su vínculo con la Universidad de Chile busca fortalecerse. Con el patrocinio del Dr. Estades, postuló a un Fondecyt de postdoctorado para seguir investigando al zorro chilla en Tierra del Fuego. Para Carlos, este animal es fascinante porque «es el único cánido mamífero que es nativo y exótico al mismo tiempo en Chile”. En todo el territorio nacional es nativo excepto en Tierra del Fuego, donde es una especie introducida”, explica, lo que representa una oportunidad única para comparar su comportamiento. Este proyecto no solo busca profundizar en el conocimiento científico, sino que refleja su convicción de que la investigación debe estar al servicio de la sociedad.